Tenemos la cara que comemos

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    Los alimentos:medicina milagrosa muestra qué comer y qué no comer para que la alimentación no se vea reflejada en nuestro rostro.


    La cara puede que sea el espejo del alma, aunque lo que está claro es que el rostro emite un mensaje propio y es reflejo del estado de salud, de las experiencias vividas o del ánimo de la persona. Pero ¿tenemos la cara que nos merecemos?Cirujanos plásticos y expertos en el proceso del envejecimiento responden afirmativamente a esa pregunta. El paso del tiempo deja huella en el rostro, y esas marcas serán más o menos acentuadas en función de cómo se ha vivido la vida. Los excesos, la mala alimentación, el estrés, la falta de sueño o prolongadas exposiciones al sol pasan factura –junto con el factor genético– a la fisonomía facial.

    La moda de engordar y adelgazar a ritmos acelerados tiene buena parte de culpa en las deformaciones de los rostros, con piel que cuelga por el cuello y toda la cara.  La arruga, llegados a este punto, parece lo más natural. Es la huella que más cuesta borrar de la cara, pero bien debe considerarse como lo más natural. Sería un error pensar que una cara con muchas arrugas es sinónimo de una vida con muchos excesos. Y es que el envejecimiento acelerado de una cara marcada por las arrugas tanto lo puede provocar una desordenada vida como la exposición prolongada al sol de una persona que, por ejemplo, juega cada mañana durante años al golf.

    El libro Los alimentos: medicina milagrosa muestra qué se debe comer y qué no se debe comer, según las condiciones de salud de cada persona. El objetivo de este libro es proporcionar ese conocimiento para que la mala alimentación y los excesos no se vean reflejados en el rostro a lo largo de los años. Este libro ofrece al lector ideas prácticas que le ayudarán a aclarar interrogantes sobre la salud, a alejar las enfermedades y a tratar dolencias existentes. 

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